Ruta por el Cabo de Gata

Arrecife de las Sirenas - JM Yuste - https://www.flickr.com/photos/jmyuste/2983308461

Arrecife de las Sirenas – JM Yuste – https://www.flickr.com/photos/jmyuste/2983308461

El Cabo de Gata está situado en el extremo suroriental de la provincia de Almería. A lo largo del litoral, abrupto y escarpado, asoman torreones y baterías defensivas que sirvieron para proteger la comarca de los ataques piratas.

Acantilados, dunas, aguas de azul intenso, playas solitarias, pequeñas poblaciones de pescadores y viejos molinos de viento aderezan esta ruta en la que la luz, el mar y la tierra son los principales protagonistas.

Las Amoladeras

Las salinas, una industria en clave ecológica

Pink Flamingo - Sofía - https://www.flickr.com/photos/blue_sophie/3912948733

Pink Flamingo – Sofía – https://www.flickr.com/photos/blue_sophie/3912948733

Las salinas de Cabo de Gata son una reserva de alta protección ecológica de aves limícolas. Esta lámina de aguas salobres tiene una alta importancia en el paso migratorio de las aves, principalmente de flamencos. Es el mejor ejemplo que posee el parque natural para explicar cómo una actividad industrial puede convivir armónicamente con una reserva ecológica. Las salinas, en explotación desde la época fenicia, producen hoy más de 30.000 toneladas de sal al año.

En las proximidades de Retamar, a la puerta de los límites del parque natural, comienza a percibirse un cambio de paisaje, sobre todo al llegar el Centro de Visitantes de Las Amoladeras. El suelo se presenta salpicado de plantas espinosas, palmitos y esparto, azufaitos y cornicales, que no son sino un adelanto, a modo de presagio, de las más de 1.000 especies que pueblan este singular espacio del sur español.

En Las Amoladeras se explican con todo lujo de detalles las peculiaridades que hacen de este territorio un rincón tan especial, dividido en dos zonas contrastadas: la costa, formada por un breve sistema de dunas, amplias salinas, extensas superficies ocupadas por gramíneas y plantas aromáticas, con unos riquísimos fondos marinos, rocosos y arenosos; y la sierra, hábitat semidesértico del que forman parte especies como el zorro, el tejón o el águila perdicera, una de las joyas de este entorno, en otras muestras de una fauna más que variada.

El elemento humano, aunque dadas las especiales características geográficas del terreno siempre ha sido escaso, es tan antiguo que se remonta a épocas prehistóricas. La ocupación romana llega aquí hacia el siglo II, pero es con los árabes, presentes en Gata desde el año 711, cuando se alcanza un alto grado de refinamiento en la organización de sistemas de riego y en las técnicas de aprovechamiento de agua, construyendo norias y aljibes por toda la comarca, un legado cultural que ha perdurado hasta hoy día.

San Miguel de Cabo de Gata

Varada en la arena - Basilievich - https://www.flickr.com/photos/29835102@N00/3514153072

Varada en la arena – Basilievich – https://www.flickr.com/photos/29835102@N00/3514153072

Junto a la naturaleza más desnuda se suceden en el trayecto pequeñas localidades que permiten apreciar la arquitectura tradicional de la zona, basada en la sencillez y en la funcionalidad.

La sencillez se traduce en estructuras geométricas en las que no caben florituras ni adornos; la funcionalidad, en paredes blancas que combaten eficazmente las altas temperaturas de verano. San Miguel de Cabo de Gata, conocido con la forma simplificada de Cabo de Gata, aunque sus habitantes se resistan a perder el topónimo original, es una población asomada al mar, cuyas principales fuentes de riqueza son la pesca y el turismo.

Aquí se conserva una atalaya del siglo XVI, utilizada entonces como torre vigía para alertar a los lugareños de los ataques berberiscos que asolaban estas costas. Desde la torre, y desde muchos kilómetros antes, es bien visible la estampa afilada de la iglesia que se levanta a la entrada de La Almadraba de Montelva, pueblo de pocos vecinos, ya de camino al faro de Cabo de Gata. A uno de sus costados se extienden las enormes balsas de agua a partir de las que se extraen las montañas de sal situadas junto a la carretera.

Estas salinas, además de constituir una fuente de recursos para el hombre, son también vitales para el entramado ecológico del parque, ya que son lugar de parada y fonda para un gran número de aves, en especial para los flamencos, que las utilizan en sus viajes migratorios.

Faro de Cabo de Gata  - jmiguel rodriguez - https://www.flickr.com/photos/jmiguel/7852482494

Faro de Cabo de Gata – jmiguel rodriguez – https://www.flickr.com/photos/jmiguel/7852482494

Faro de Cabo de Gata

El faro de Cabo de Gata es el punto más suroriental de la Península Ibérica. Antes de su construcción en 1861, éste fue el emplazamiento del castillo de San Francisco de Paula, sobre cuyas ruinas se construyó. Por debajo del faro, el mirador de las Sirenas vuelve a regalar al visitante una estampa muy especial, dominada por el arrecife del mismo nombre, llamado así por ser un antiguo lugar de encuentro de la desaparecida foca monje.

Tras un breve paseo se llega hasta la torre de la Vela Blanca, torre vigía del periodo nazarí, una más del conjunto de construcciones defensivas levantadas a lo largo de todo el litoral para frenar las acciones de los invasores y piratas, presentes en estas costas hasta finales del siglo XVIII.

San José

Hay que recuperar el coche, desandar el camino y dirigirse a San José desde San Miguel de Cabo de Gata, por Pujaire y El Pozo de los Frailes.

San José es un pueblo bullicioso, con buena infraestructura turística, cya vida esival tiene mucho que ver con el puerto deportivo. Desde aquí se pueden contratar excursiones por diferentes zonas del parque natural, así como las jornadas de buceo en alguno de los parajes que forman parte de la reserva marítima.

Desde San José parte una carretera sin asfaltar que, dejando a la izquierda un antiguo molino de viento, nos conduce a dos de los rincones más singulares de la ruta: las playas de los Genoveses y Mónsul, ésta última una gran roca en el centro y una duna móvil en uno de sus costados.

La amplia ensenada de los Genoveses, delimitada por el cerro Cuevas y el morrón de su mismo nombre, ha sido escenario de numerosos episodios históricos. Desde sus arenas aseguran que partió la Armada Española en busca del turco y que debe su nombre al hecho de haber sido elegida, en el siglo XII, como lugar de atraque de las tropas de Génova en su ofensiva, junto a otros aliados, contra las actividades corsarias de los almerienses.

También de aquí partían los mercaderes de la Edad Media camino de Mauritania.

Los Escullos

Amanece en Los Escullos - Francisco Jesús Gil Navarro - https://www.flickr.com/photos/fcojesus/7922085680

Amanece en Los Escullos – Francisco Jesús Gil Navarro – https://www.flickr.com/photos/fcojesus/7922085680

Antes de llegar a Los Escullos, en la barriada de El Pozo de los Frailes, debe visitarse una antigua noria, bien conservada, con una cartela explicativa de los sistemas tradicionales de riego en la zona. La escasez de agua ha favorecido históricamente la proliferación de pozos, norias y aljibes a lo largo de toda la comarca.

La pedanía de Los Escullos con sus casas blancas volcadas al mar, en la amplia bahía que se extiende bajo la sombra del pico del Fraile, de 493m, el más alto de este sector de la sierra, está denominada por la fortificación de San Felipe, una batería costera del siglo XVIII construida bajo el reinado de Carlos III. En sus alrededores se encuentran playas muy cuidadas como la del Arco o de fuerte erosión, como en el entorno de la zona del embarcadero.

Bucear en Cabo de Gata

Cabo de Gata cuenta con áreas de reserva ideales para la práctica del submarinismo por su buena visibilidad y por la riqueza y singularidad de su fauna y flora. En sus fondos marinos pueden contemplarse abundantes meros, bancos de barracudas, peces luna y grandes praderas de posidonias. También se encuentran restos de embarcaciones sumergidas, como el conocido por aquí como El Vapor, hundido en los años veinte frente a Cabo de Gata.

Lugares como el entorno de cala Higuera, la Piedra de los Amarillos, o la cala del Embarcadero en Los Escullos son algunos parajes donde se puede practicar esta actividad. Para ello es imprescindible solicitar autorización a la Agencia de Medio Ambiente, o bien concertar la actividad con alguna de las empresas que cuentan con permiso para ello.

Rodalquilar y Las Negras

Cala de San Pedro - Carlos F. Ingala - https://www.flickr.com/photos/carlos_ingala/15411013443

Cala de San Pedro – Carlos F. Ingala – https://www.flickr.com/photos/carlos_ingala/15411013443

Subiendo por la carretera se llega a La Isleta del Moro, una pequeña población pesquera de perfil inconfundible, pues está asida a un gran islote que se adentra en el mar. Es aconsejable dar un paseo por la zona de las barcas y por la cercana playa del Peñón Blanco.

Más adelante en dirección a Rodalquilar, se encuentra el mirador de La Amatista, al que se llega tras subir una empinada cuesta. Sus vistas, playas y calas, casi inaccesibles, son también espectaculares.

Un aire fantasmal envuelve al pequeño pueblo de Rodalquilar. Tanto las ruinas que se encuentran a su entrada como las instalaciones mineras que exhibe en la parte altam hablan de un pasado en el que la población vivía de esta actividad.

Quien pretenda saborear a fondo la experiencia de conocer el parque y, en particular, la zona costera, no debería perderse la posibilidad de navegar por el litoral. Es justamente desde Las Negras desde donde se pueden contratar pequeñas excursiones en barco por las calas cercanas y, más en concreto, por la cala de San Pedro, sin duda uno de los rincones más solitarios del Mediterráneo. Para ello basta con preguntar en alguno de los bares de Las Negras.

Agua Amarga

Agua Amarga - Andy Roberts - https://www.flickr.com/photos/aroberts/5312358717

Agua Amarga – Andy Roberts – https://www.flickr.com/photos/aroberts/5312358717

Del pequeño pueblo de Las Negras hasta Agua Amarga se llega después de un generoso rodeo de unos 24 kilómetros por un paisaje de amplias explanadas, cortijos perdidos y grandes rebaños de ovejas.

También Agua Amarga , muy cerca de los límites septentrionales del parque, vivió en otro tiempo de la pesca. Incluso es posible todavía interesarse por las cuevas que habitaron algunos de sus pobladores. El caserío se sitúa ante una estupenda ensenada, al abrigo de los vientos.

El viaje continúa, buscando ya el punto final, en dirección a Carboneras. La carretera trepa de nuevo hacia las alturas para llevarnos hasta lo alto de la Mesa de Roldán. Expuesta a los cuatros vientos, esta meseta caliza es otro magnífico otero desde el que contemplar kilómetros de mar y montaña. La torre vigía que hay en uno de sus extremos data del siglo XVIII. Su faro funciona desde 1863.

En el punto donde arranca la estrecha y empinada carretera que sube a esta meseta parte el sendero por el que se asciende hasta la arena de la playa de los Muertos, llamada así por una vieja historia, según la cual a este atractivo paraje llegaron por docenas los cadáveres procedentes de un naufragio.

Alrededores

Mojacar - dami garcia - https://www.flickr.com/photos/undamian/14194617829

Mojacar – dami garcia – https://www.flickr.com/photos/undamian/14194617829

Níjar

Níjar es el municipio que mayor territorio aporta al parque natural. Acomodado en una ladera de la sierra de Alhamilla, posee un inconfundible pasado árabe que se manifiesta en el trazado de sus calles y plazas.

La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, del siglo XVI, es su monumento más notable. Es de estilo mudéjar y fue construida sobre una antigua mezquita árabe; el artesonado de su interior merece una pausada contemplación. La localidad tiene en la cerámica y en los telares de jarapas dos de sus principales reclamos.

Mojácar

Unos 20 kilómetros al norte de Carboneras se encuentra esta bella localidad almeriense. El pueblo, de hermosas casas blancas, se presenta tendido sobre la falda de una montaña frente al mar, conformando una estampa realmente inolvidable.

Sorbas

Pueblo de bella arquitectura recostado sobre una ladera abarrancada. En torno a esta localidad, situada a 31 kilómetros al norte de Níjar, se extiende el Karst de Yesos de Sorbas; un espacio natural considerado como el mejor conjunto cárstico en yeso de España.

Tabernas

El desierto de Tabernas es una de las extensiones secas más grandes de Europa. Su particular orografía ha servido para recrear numerosas películas en el Oeste Americano; tanto que existe la posibilidad de visitar alguno de sus decorados cinematográficos. El pueblo está dominado por la presencia de una fortaleza árabe.

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